Temas queer

¿Qué es y qué hace una escritora trans?

5 de diciembre de 2021
Bandera trans
© Kyle William Urban vía Unsplash

Lejos de establecer una definición tácita y delimitada de la literatura transgénero, la intención con estas líneas es describir, desde la propia experiencia, qué es ser una escritora transgénero. Más allá del aspecto obvio de tener una identidad de género distinta a la del sexo asignado al nacer, mi identificación como escritora no difiere de otros autores: puedo hacer ensayos, crónicas, cuentos, novelas, guiones o poemas, aunque estos últimos solo de vez en cuando, y tengo orgullo de varios de ellos.

La única diferencia entre escritoras cisgénero y mi persona, radicaría en una “autoridad” o certeza para hablar de asuntos autobiográficos transgénero. Psiquiatras y psicólogos disertan desde sus disciplinas, pues compete a estas ciencias difundir y establecer parámetros científicos de la identidad de género, aunque existan personas en estas latitudes que quieran imponer otros puntos de vista ya desfasados con la realidad actual. No existe disminución de mérito de los ensayos o artículos científicos realizados desde la psicología o psiquiatría – independiente de la identidad de género de los autores – sobre lo trans y mis propias palabras: solo difieren desde el punto de partida. Elles parten del método científico, yo inicio desde la voz interior.

La voz interior fue difícil de hallar. No me refiero a una audible, sino a la que permitió identificarme y reconocerme como escritora y mujer trans. Alrededor de veintiocho años estuve perdida, con una desagradable sensación de vacío, olvidándome de buscar un propósito, atrapada en malos trabajos y una dura y revuelta vida de inmigrante. Cuando comencé a percibir en mi alrededor de que ser trans está bien, que ser no binarie está bien, ser agénero está bien, allí comprendí mi propia identidad. Ya había escrito, muy dispersamente, cuantiosas palabras guardadas en las gavetas digitales. Una novela inédita completa, que tuvo falsas esperanzas de ser publicada por una editorial independiente; un libro de cuentos sin editar, con alrededor de entre doce y catorce historias, sin secuencia temática alguna; una historia de literatura fantástica la cual, irónicamente, era mi vía de escape cuando estaba bloqueada en otras historias y que acabé abandonando de todos modos; y otros esbozos de libros que están en una carpeta que nombré “Agujero negro”, al carecer de defiinición.

Desde mi punto de vista, no existe un talento milagroso, una musa que nos posee cada vez que iniciamos el sin título . docx , o un toque nato de juntar palabras entre ellas para realizar un tapiz lingüístico.  Como todo arte, la literatura requiere de aprender las técnicas pertinentes, cuidar de la gramática y la ortografía, disponerse a generar ideas para escribir, y el paso más importante: hacerlas con disciplina. Esta última palabra es la más difícil para mí: como procrastinadora anónima – tengo el récord de no distraerme al hacer este artículo por más de cinco minutos -, me ha costado tener la voluntad de crear por placer y no por obligación. Durante mi vida, la autopresión para completar las tareas que me eran asignadas, desde un simple trámite hasta mi monografía de grado, la cual completé por la promesa de no sobrepasar siete años dentro de la universidad, era el principal motivo de llevar a cabo acciones, y no tanto por el impulso propio de querer hacer las cosas planificadas.

Una diferencia importante a la hora de crear futuras historias, es tener la noción de quién es una persona trans o no binárie al tener una referencia propia autobiográfica. No haré desde la línea número uno “Hola, me llamo X y soy una mujer trans”, porque mis personajes no se construyen desde ejercicios de presentación de escuela, trabajo o sesiones de terapia grupal. Los personajes tienen que demostrar una esencia y un propósito para la historia, y no hacer girar la misma en torno a su identidad de género u orientación sexual. La relevancia de tal persona, sea protagonista o secundario, se construye a partir de las acciones, sentimientos y expresiones del mismo, dotándolos de una personalidad tal como fueran personas reales, porque las buenas ficciones consiguen su verosimilitud cuando se narran situaciones creíbles y lógicas, independientemente del mundo donde se haya escrito: sea una historia en una urbe común del siglo XXI, o en una dimensión gelatinosa donde todos los suelos y paredes sean maleables y comibles.  Si dicho personaje es trans o no binárie, y acierta en contribuir a mantener la historia verosímil, su identidad de género forma parte de su esencia y no sería su eje existencial.

Debido a que este ensayo es más un mero ejercicio de primer paso para vencer la procrastinación, nunca tuvo la intención de realizar una historia de la literatura transgénero solo por yo ser una escritora transgénero. Una breve búsqueda en el motor de indexación arroja resultados interesantes a partir de “literatura transgénero” aunque no he revisado los contenidos de los artículos encontrador por el buscador en línea. Este no es un grito de “Aquí llegué yo, perras”, sino una mera reflexión de quién soy y qué pretendo hacer con mi vida actual. Quiero servir de referencia para otras personas, como una voz más en el océano cibernético y en un futuro a corto y mediano plazo, tener historias publicadas por el medio que fuese.

Ser escritora es un proyecto que mantengo desde pequeña: no solo por decidir estudiar Letras en la universidad, o afanarme a preparar algún manuscrito para varios premios de literatura a los cuales nunca envié una sola página. Lo decidí porque descubrí un aspecto de esa identidad de escritora: Sé imaginar. Puedo imaginarme cuantiosos escenarios distintos, tanto para historias de ficción como para otras vidas: de hecho, una de las pistas para descubrir mi identidad transgénero fue aquella en la que pensaba una y otra vez una vida imaginaria como mujer cisgénero, tanto en épocas pasadas como en otros países. Mis defectos principales son la falta de disciplina y planificación. Espero aprender a mantener el impulso que me llevó a escribir esto, lejos de ser una fiebre temporal que acabará como el lanzamiento de un fuego artificial. Ruidoso al comienzo, para luego esfumarse. 

Había escuchado de Juan Carlos Onetti, en una entrevista realizada en el programa “A fondo”, un comentario de este escritor que convertí en una especie de excusa de oro para no escribir: él dijo que veía a la literatura como una amante, que la amaba cuando quería y que no escribía en un horario de oficina.  El detalle radica en que la experiencia creativa de dicho escritor es diametralmente opuesta a la mía. Él había publicado libros, yo no. Él sí sabía escribir, yo apenas escribía ocasionalmente. He tenido lagunas de meses o años, y él no las tuvo tanto en el transcurso de su vida, probablemente. Una de mis principales motivaciones de ser escritora era combatir ese maleficio del “Bloqueo de escritor”, e irónicamente acabé más bloqueada que de costumbre. A la hora de realizar este ensayo tuve ideas para resolver algunas lagunas creativas, que anotaré en alguna parte para no olvidarlas. Por tanto, ser escritora trans no difiere de los problemas de otres escritores – y uso la E inclusiva porque me provoca usarla -, solo cambia que pertenezco, con mucha honra, a la comunidad LGBTQIA. Aquí hablo diversidad: ese es uno de mis nuevos lemas vitales, y espero hablar más a menudo.

Acerca de mí

Agatha Benítez

Profesión

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